La danza clásica en la historia

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la-danza-casicaLa danza clásica que conocemos en la actualidad y que podemos estudiar en diferentes escuelas o academias es el fruto de muchos siglos de evolución.

Su origen se sitúa en los bailes que se desarrollaban en la corte para entretener a los monarcas y a sus cortesanos. En principio se trataba de una combinación sencilla de pasos que estaban al alcance de cualquiera. Sin embargo, con el tiempo las coreografías se fueron haciendo más complejas y surgió la figura del maestro de danza. Esta persona era la encargada de enseñar la forma de ejecutar las distintas combinaciones. Obviamente, este primer alumnado estaba compuesto por jóvenes de la nobleza y algunos monarcas que querían impresionar a sus invitados e invitadas.

Uno de los reyes más interesados en la interpretación de la danza fue Luis XIV, a quien se debió la creación de la primera Real Academia de Danza en la Ópera de París. En este espacio formativo se sentaron las bases de la que se dio a conocer posteriormente como la danza clásica y surgió la primera compañía de ballet profesional, el Ballet de la Ópera de París. Este hecho fue un hito ya que en esta compañía fue donde se consolidó la base técnica de la danza clásica y los primeros pasos inspirados en movimientos del campo.

En este sentido hay que hacer una observación: en los primeros bailes, los papeles femeninos eran interpretados por hombres ya que a las mujeres no se les permitía bailar. Una situación que compartían otras artes escénicas como el teatro.

 

La danza clásica en la historia: Sistematización de los pasos

la-danzaclasicaA medida que estos bailes se fueron complicando surgió el concepto de espectáculo, y de ahí la necesidad de realizarlos en un espacio frente al público, donde los participantes pudieran exhibir su magisterio. Una de las piezas más famosas de este tipo de primeras danzas clásicas fue el “Ballet des Polonais”.

El primer manual de danza se escribió en el año 1412, lo escribió Domenico da Piacenza, y llevaba el título siguiente: “Sobre el arte de danzar y dirigir coros”.

Tras este primer trabajo se sucedieron réplicas similares donde se intentaba sistematizar el aprendizaje de los diferentes bailes y la ejecución de los distintos pasos o movimientos. Muestra de ello fue el manual titulado “Cartas sobre la danza y los ballets”, de Jean-Georges Noverre, a principios del siglo XIX.

Durante el siglo XIX la danza clásica pierde su vínculo con las clases sociales más elevadas, característica que había predominado en los primeros ballets románticos. Comienzan a codificarse nuevos bailes en los que las bailarinas, la luz, la libertad de movimientos y el folklore se tienen como punto de inspiración. Es el momento, por ejemplo, de trabajos como los de la “Danza Cachucha”, que sistematizó el maestro Carlo Blasis.

Todos los países europeos desarrollaron una particular manera de entender la danza clásica. Especialmente destacado fue el trabajo que se desarrolló en Rusia, donde su adquieren nuevos modelos musicales y surgen nuevas necesidades por parte de los bailarines. La más destacada es la necesidad de contar con más libertad de movimientos. Una demanda que se materializa en el surgimiento del tutú.

Desde entonces, la danza clásica no ha sufrido grandes cambios en cuanto a técnica y ejecución, aunque ha sido el origen de otras muchas danzas.

 

La danza clásica en la historia: Particularidades del intérprete

la-danza-casica-en-la-historiaLa principal característica de la danza clásica es la exactitud de los movimientos del bailarín, de ahí que quienes se quieren dedicar a esta disciplina dediquen muchos años de formación para lograr la coordinación necesaria. Especialmente destacada es la flexibilidad y la fortaleza física de estos intérpretes.

Para poder mover el cuerpo sin problemas, los bailarines visten con prendas que se ajustan a su figura. Estas prendas suelen estar confeccionadas con materiales elásticos para mayor comodidad de los intérpretes. Sin embargo, la nota más destacada del atuendo del bailarín de danza clásica son las puntas. Con este nombre se conoce a unas zapatillas especiales que tienen las puntas de yeso o cartón, lo que permite que el bailarín o la bailarina puedan permanecer de puntillas durante mucho tiempo, soportando todo el peso de su cuerpo. La primera bailarina que utilizó este tipo de calzado fue María Taglioni, quien las empleó en sus ballets de danza clásica en el siglo XIX.

 

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